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domingo, 27 de noviembre de 2011

Album: Paseo por el pantano de Navacerrada 26/11/2011 (Aralba)

Todas las fotografías fueron tomadas con una cámara DSLR profesional de formato APS-C 16Mpx:  PENTAX K5 en Formato RAW y modo Manual. El Objetivo utilizado, en este caso, fue un Zoom Pentax de alto rendimiento 16:50mm. La hora de las tomas anduvo entre las 11 y las 12 de la mañana, con un cielo despejado y un sol propio del otoño madrileño. No hay Tomas macro ni realizadas con teleobjetivos.


















































Todos los derechos reservados
Fotógrafo: Aralba

martes, 22 de noviembre de 2011

Focal, punto de vista y encuadre (La mirada fotográfica)


Lo más importante en la fotografía es la Luz. (Verdad de Perogrullo)

Fotografía significa dibujar con la luz; pero antes de que veamos esta parte fundamental, consideramos que es más divertido y más asequible que investiguemos sobre el Tema que quedará plasmado en el sensor fotográfico, después de que nuestro cerebro componga una imagen determinada en la pantalla o el visor de nuestra cámara fotográfica.

El sensor de las cámaras digitales es, generalmente, rectangular, variando sus dimensiones y proporciones dependiendo de unos estándares determinados, siendo algunos de ellos:



Para DSLR:

El medio Formato de KODAK: 50,7*39mm
Full frame TODAS LAS MARCAS: 36*24mm
APS-H CANON: 28,7*19mm
APS-C CANON y NIKON: 22,2*14,8 y 23,6*15,7mm respectivamente
Foveon SIGMA: 20,7*13,8mm
Cuatro Tercios OLYMPUS: 17,3*13mm


Sensor RICOH GXR

Para Compactas:

1/1,7: 7,6*5,7mm
1/1,8: 7,18*5,32mm
1/2,5: 5,76*4,29mm




La función principal del Fotógrafo, dado que la mayoría de las funciones, si se quiere,  pueden ser completamente automáticas, es componer una imagen que sea  al menos agradable o llamativa a la vista y para ello deberemos de seguir ciertos criterios fundamentales cuyo origen histórico se remonta hasta la época de los grandes pintores clásicos.

El sensor de nuestra cámara viene a ser como un lienzo en blanco que debemos de pintar con la luz que entra por el objetivo y existen unas pocas reglas básicas que nos ayudaran a realizar, desde el principio, imágenes realmente interesantes.



Según la focal conseguiremos los siguientes efectos: Con un objetivo normal, entre 45 y 55mm para un formato completo (Fullframe) o 31-35mm para un PSC,  un ángulo similar al de visión natural del ojo humano. Su uso puede ser general tanto para paisajes como para retratos de cuerpo entero o de tres cuartos. Con un Objetivo normal se pueden realizar casi todo tipo de fotografía documental.

Con objetivos angulares, medidas inferiores a las mencionadas, ampliamos el ángulo de visión hasta alcanzar o superar los 180º, en el caso de los denominados como ojos de pez.

Mientras más pequeño sea el sensor y más amplia la óptica angular más poderoso es el efecto de profundidad de campo. Recordemos que se trata del rango de distancia dentro de la toma en que los objetos se van a encontrar enfocados.

Según el grado angular de los objetivos y de su propia construcción, estas ópticas distorsionan las líneas paralelas consiguiendo en algunos casos efectos muy interesantes, o, por el contrario, no deseados. Estos objetivos son muy útiles en cierto tipo de paisajes, fotografía industrial e imprescindibles en interiores donde puede ser necesario un amplio ángulo de visión.

Con focales tele, las imágenes quedan aplanadas, el efecto de distorsión de fuga de las líneas paralelas  queda minimizado y el efecto de profundidad de campo se va perdiendo a medida que la focal del objetivo se va haciendo mayor.

Respecto a las focales es importante considerar que tenemos que acostumbrarnos, si usamos objetivos Zoom, con un amplio rango focal,  a  pensar que tipo de imagen queremos conseguir antes de ajustar la focal del zoom, al menos durante la etapa de aprendizaje.

Debemos indicar que por su propia construcción, los zoom aunque los hay de una excepcional calidad, nunca podrán competir, en resolución y nitidez, con focales fijas de un mismo estándar de calidad. La focal tele generalmente se usa para retratos del rostro, para acercar objetos lejanos y para no distorsionar las líneas paralelas, dado que los edificios pueden tomarse desde una distancia mayor.


Debemos tener en consideración que al disminuir notablemente el efecto de profundidad de campo, la nitidez queda reducida al punto de foco y poco más. Muy interesante, este efecto, para conseguir separar al sujeto fotografiado respecto al fondo que quedaría borroso. Este efecto es aprovechado, sobre todo, en retrato.

Según el Punto de vista, nuestras imágenes podrán ser muy diferentes.

Si nuestra cámara mira de abajo hacia arriba producirá majestuosidad y grandeza en el sujeto, aunque el objeto de la toma resulte ser grande.

De arriba hacia abajo producirá un efecto contrario y sombrío.

Si la cámara la mantenemos paralela al sujeto, la imagen podría resultar plana, dependiendo del objetivo que se utilice y a medida que nos desplazamos hacia la izquierda o a la derecha aumentaremos la perspectiva hasta conseguir efectos de cierta profundidad tridimensional. También es importante jugar con las líneas paralelas que convergen al alejarse hasta la línea del horizonte para conseguir el mismo fin.

Una regla muy importante en fotografía es darle espacio a los objetos, animales o personas que se mueven sobre la tierra o vuelan en el aire para no dar sensación de claustrofobia.

También debemos tener cuidado con la colocación de la línea del horizonte y no inclinarla si no existe motivo para ello, salvo que fuese necesario mostrar algún efecto de movimiento.

Para ayudarnos en ello, utilizaremos la archiconocida Regla de los Tercios que consiste en realizar una división imaginaria de la pantalla del visor por cuatro líneas paralelas dos a dos. Dos en el plano horizontal  y dos en el vertical, produciendo separaciones de dimensiones aproximadamente iguales, un poco mayores en el centro, dependiendo del formato del sensor o de la palícula utilizada.


El Horizonte se ubicará justo en la línea inferior o en la superior dependiendo de la importancia que queramos dar al plano terrestre o al aéreo. En un cielo azul con pocas nubes; pero con interesantes propuestas en el plano de tierra situaremos el horizonte en la línea superior; por el contrario, cuando hay una composición de nubes interesantes y una composición terrestre anodina, intentaremos situar el plano del horizonte en la línea inferior.


Cuando un objeto o persona dirige su rostro o se mueve hacia la derecha, a nivel terrestre, intentaremos ubicarlo en el punto más cercano al corte transversal que se produce entre la línea vertical de la izquierda y la línea horizontal inferior.

Si el objeto o persona se mueve en sentido contrario se realizará lo mismo que lo comentado, en el párrafo anterior, pero a la inversa: Será el punto de intersección de la línea inferior y la de la derecha del plano del visor.

Para objetos que se encuentren en el aire o en la parte alta del visor, si su movimiento es hacia la derecha, situaremos al sujeto en la intersección de la línea horizontal superior y la línea vertical izquierda. Si el objeto se mueve hacia la izquierda lo situaremos lo más cercano al cruce de la línea horizontal superior con la línea vertical de la derecha.


Para objetos y sujetos estáticos el principio funciona del mismo modo, dado que por la fuerza de la costumbre, nuestra vista tiende a ser dirigida hacia estos puntos de intersección mencionados y que se conoce como la Regla de los Tercios.


Utilizando las posibilidades que nos dan las diferentes focales, junto con esta Regla milenaria y la fuga de las líneas paralelas podemos conseguir composiciones de gran impacto visual.

La Regla de los Tercios es una simplificación de una Regla que utilizaban siempre los grandes pintores como Miguel Ángel o Leonardo Da Vinci, conocida como Proporción Aurea, y que con una determinada composición el artista conseguía que el espectador dirigiese sus ojos, hasta dar con el personaje principal. De este modo, no queda espacio valdío en el conjunto pictórico, y queda obligada la mirada a fijarse en lo fundamental.

Se puede utilizar una línea imaginaria horizontal o vertical desplazada del centro o en el cruce de dos líneas, una horizontal y otra vertical desplazadas igualmente del centro, aunque no sea exactamente la separación propia de la simplificada Regla de los tercios.


Visto todo este maremagnun de reglas queda decir que estas están para servir como orientación y nunca para ser utilizadas como algo cerrado y sin libertad para poder ser rotas cuando sea necesario.

A modo de ejemplo solemos comentar las formas o katas en las artes marciales. Estos ejercicios repetitivos están confeccionados para que los participantes en los ejercicios, memoricen sus organismos mediante la repetición,  diferente posturas, llaves y golpes con el fin de que en situaciones reales de combate surjan de forma automática. Solo en las películas esas posturas se usan a modo de coreografía de ballet para proporcionar una gran belleza; pero es más que evidente que ese ballet postural es absolutamente ineficaz en un supuesto combate real.

Con el Tema de las Reglas en la Fotografía pasa algo similar. Es importante que ejercitemos, en la práctica una y otra vez, las reglas fundamentales de la composición fotográfica, tales como las que aquí hemos estudiado, para que llegado el caso no vayamos, por inercia, a centrar el objeto principal de la toma o que el sujeto se pegue una leche contra el borde de la fotografía.

También es importante que, sobre todo en retratos que ya veremos en lecciones posteriores, no cortar manos, pies u otras partes de un sujeto u objeto a fin de no resultar las fotos groseras y fuera de lugar.


Una vez que la técnica se ha convertido en una con nosotros mismos, será el momento de comenzar a experimentar con la combinación de las distintas reglas estudiadas o, en casos extremos, a su rompimiento para conseguir efectos conceptuales y artísticos, cuya originalidad pudiera marcar la diferencia con las tendencias rutinarias del momento.

Es evidente que en la composición fotográfica la luz tiene una importancia extrema, primordial y que debe de ser tratada como un sujeto más de la composición fotográfica; pero dada su complejidad será estudiada en próximas lecciones y que se dedicarán en exclusiva a ese interesante Tema.

Recordemos:

Evitar, salvo en casos concretos de estricto sentido común, en que se quiera resaltar algún tipo de simetría o asimetría, el centrar los sujetos u objetos.

Proporcionar espacio, en la composición fotográfica, al sujeto, mirada o rostro que se mueve u observa en una determinada dirección.

Evitar, salvo que así lo deseemos, inclinar la línea del horizonte.

Dar preferencia a los espacios complejos en detrimento de los anodinos y de poco interés. En un cielo cargado de nubes, sobre una tierra arenosa sin relieves daremos relevancia al cielo.

Buscar, en la composición, líneas paralelas o de fuga que nos lleven, en su convergencia,  hasta el objeto principal que siempre estará descentrado.

El Retrato tiene sus propias normas y que serán estudiadas más adelante.


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Aralba